La herencia como objeto de la sucesión

La herencia comprende todos los bienes, derechos y obligaciones de una persona que no se extingan por su muerte, es decir, el patrimonio total del difunto. A la muerte de la persona, se produce la apertura de la sucesión, lo que significa que este patrimonio ha quedado sin titular, y debe pasar a manos de otra persona. Por lo tanto, será en el momento de la muerte del causante, cuando el llamado a la herencia deba cumplir con los requisitos esenciales para poder suceder, es decir, seguir vivo y tener capacidad.

Parece evidente, pero en ocasiones, el testador ha podido dejar su herencia a una persona que fallezca antes que él, o, quizá, en el mismo momento. En este supuesto, existe la llamada presunción de comoriencia, por medio de la que cual deberá probarse quién ha fallecido primero ya que, en caso de que no pueda demostrarse, se presumirán muertas al mismo tiempo y no se dará lugar a la transmisión de la herencia del uno al otro, puesto que no se habrá cumplido el requisito de sobrevivir al testador.

Una vez determinado esto, se hará efectivo el llamamiento a la herencia: la vocación, y la delación, que es el momento en el que el llamado a la herencia podrá aceptar la herencia y convertirse en heredero, o bien rechazarla.

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