Algunos aspectos sobre mediación familiar

La reforma de 8 de julio de 2005, fue la que introdujo la mediación familiar en nuestro Derecho común. Se trata de una reforma de cierta orientación procesal. Uno de los aspectos más importantes, es el previsto en el apartado 7 del nuevo artículo 770 de la LEC, según el cual, de común acuerdo, las partes podrán solicitar la suspensión del proceso de conformidad para someterse a mediación, siempre de acuerdo con lo dispuesto en el apartado 4 del artículo 19 de la citada ley.

Además, el apartado 3 del artículo 777 de la LEC, prevé la posibilidad de acompañar al escrito de promoción del procedimiento matrimonial, con el acuerdo final alcanzado en el procedimiento de mediación familiar paso previo al divocio express.

Todo ello, sin olvidar que la Disposición Final tercera de la ley 15/2005 dispone que el Gobierno trasladará a las Cortes un proyecto de ley acerca de la mediación, el cual se elevará sobre los principios establecidos en las disposiciones de la Unión Europea, que deberán velar por la imparcialidad de las Comunidades Autónomas.

Pero, ¿dónde reside la novedad introducida por el apartado 7 del nuevo artículo 770? En la mención expresa que hace de la mediación familiar como causa posible de la suspensión del proceso. No obstante, la posibilidad de solicitar la suspensión de cualquier procedimiento ya estaba contemplada con carácter general por el apartado 4 del artículo 19, al que se remite el precitado apartado 7 del artículo 770.

Dicho esto, ¿cuál es la finalidad de esta alusión expresa a la mediación? La de impulsar su utilización, considerándola siempre como un mecanismo apto para el diálogo y garante, en muchos casos, de la protección del interés superior del menor, pudiendo también desempeñar un papel importante en la eventual reconciliación de los cónyuges.

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